
Darks, bias y flats con el móvil: qué merece la pena calibrar
Trescientas tomas apiladas, la Vía Láctea empezando a despegarse del fondo y, entre las estrellas, un puñado de puntitos rojos y verdes demasiado limpios para pertenecer al cielo. A la noche siguiente están otra vez ahí, idénticos: mismas coordenadas, mismo color, misma desfachatez. Vienen del sensor. La astrofotografía lleva décadas combatiéndolos con las tomas de calibración, esa liturgia de disparos a objetivo tapado que todos los manuales imponen antes de dejarte ir a dormir. Con el móvil conviene recortar bastante la liturgia, porque buena parte del trabajo estaba hecha antes de que el archivo llegara a tus manos.
Tres archivos, tres problemas que no se parecen
Quien viene del telescopio conoce el ritual. El dark se dispara con el objetivo tapado, con el mismo tiempo de exposición y la misma ganancia que las tomas buenas, y registra lo que el sensor produce cuando no hay luz: corriente de oscuridad, píxeles defectuosos, algún halo de la electrónica. El bias usa la exposición más corta que la cámara permita y mide el punto de partida, el valor que declaran los píxeles cuando prácticamente no han recogido nada. El flat encuadra una superficie iluminada de forma uniforme y fotografía los defectos del camino óptico: viñeteo en los bordes, sombras de polvo, respuesta desigual de una zona a otra.
Que se disparen los tres seguidos al final de la sesión no los convierte en lo mismo. Miden fenómenos distintos, y en un smartphone los tres corren suertes muy diferentes.
El bias ya viene puesto, fotograma a fotograma
Aquí se cierra rápido. La documentación de la cámara de Android explica que en la mayoría de los sensores el área activa está rodeada por regiones de píxeles blindadas con una máscara metálica: por construcción no reciben luz y proporcionan, textualmente, «una referencia de negro fiable para la compensación del nivel de negro» en el área activa. El dispositivo lee esos píxeles y de ahí saca su propio offset. Y no de una vez para siempre: la misma documentación describe un nivel de negro dinámico, estimado fotograma a fotograma y canal a canal, porque el valor «puede variar drásticamente» según los ajustes de disparo, ISO incluido.
Un bias casero mediría peor, y con mucho más esfuerzo, una magnitud que el móvil mide en tiempo real con píxeles nacidos para eso. Ahórrate la serie.
El flat está medio hecho, y la otra mitad pesa poco
El viñeteo tampoco es un misterio para el dispositivo, que lleva encima un mapa de baja resolución con los coeficientes de corrección para cada canal del mosaico de Bayer, el mismo que aplica a las imágenes ya reveladas. Si te vas a casa con un JPEG, esa corrección está horneada dentro de la imagen y el asunto termina ahí. En RAW depende del modelo: el mapa puede venir ya aplicado al archivo en bruto o quedarse fuera, y en el segundo caso las esquinas te llegan más oscuras que el centro.
Lo demás es cuestión de prioridades. Un flat decente exige una fuente de luz realmente uniforme, y en una foto nocturna el deterioro que más se nota no viene de la óptica sino del cielo: el gradiente que se come las estrellas bajas es casi siempre luz dispersa de las ciudades, y se quita en el procesado con una sustracción de fondo. El polvo, por su parte, es un huésped raro dentro del bloque óptico sellado de un teléfono. Si tu apilado tiene un halo en una esquina, antes de montar una caja de luz en el salón comprueba cuán oscuro es de verdad el sitio desde el que estás fotografiando.
El dark es el único que se gana el puesto
Los píxeles defectuosos, en cambio, existen y se ven. La documentación de Android los describe sin diplomacia: la corrección de píxeles calientes interpola o elimina los píxeles «que no miden correctamente la luz entrante», es decir, los atascados en un valor arbitrario o demasiado sensibles. Los fabricantes que quieren exponen incluso la lista de coordenadas de los píxeles calientes o defectuosos del sensor. Su lista de sospechosos, en resumen, el móvil ya la tiene.
Solo que esa corrección admite tres estados (apagada, rápida, alta calidad) y el modo rápido hace lo que puede sin frenar la captura. Y hay algo peor: la lista de fábrica censa los defectos permanentes. Los píxeles que se encienden únicamente cuando coinciden exposición larga, ganancia alta y sensor caliente quedan fuera del recuento, y una noche de astrofotografía es justo la combinación que los despierta.
El calor es el rival de verdad, y es el que menos controlas
La corriente de oscuridad crece con la temperatura del sensor y con la duración de la exposición, y por eso las cámaras astronómicas serias se refrigeran. Un teléfono hace lo contrario: dispara en ráfaga, procesa, mantiene la pantalla encendida, se calienta solo mientras trabaja. El dark que hiciste a las nueve, con el aparato recién sacado del bolsillo, describe un sensor que a medianoche ya no existe.
De ahí una regla de campo breve. Los darks se disparan al final, con el móvil todavía en temperatura, justo después del último fotograma bueno y sin salir de la aplicación. Mismo tiempo de exposición, mismo ISO, mismos ajustes de reducción de ruido, que en bastantes dispositivos actúa también sobre el RAW: si queda activa en las tomas buenas tiene que quedar activa en los darks, o estarás comparando dos sensores imaginarios. Hace falta además una tapa realmente opaca. Una manga oscura apoyada encima deja pasar más luz de la que imaginas, y un dark contaminado empeora las cosas en vez de arreglarlas. Quince o veinte fotogramas dan una mediana limpia, treinta si la batería aguanta.
Mover el encuadre en lugar de disparar darks
Existe un atajo elegante, y nace de una asimetría. Los defectos se quedan quietos sobre el sensor. Las estrellas no. En cuanto el software alinea los fotogramas por las estrellas, cada defecto fijo acaba desplazado unos pocos píxeles de una toma a la siguiente, y un algoritmo de rechazo de valores atípicos (el sigma clipping, o una mediana bien hecha) ve ese valor anómalo aparecer cada vez en otro sitio y lo tira. La técnica se llama dithering, y en la práctica clásica se consigue moviendo el encuadre a propósito unos píxeles entre disparo y disparo.
Con el móvil sobre un trípode fijo, el dithering te lo regala el cielo: la rotación terrestre desplaza el campo de toma en toma, y en una secuencia larga los puntos fijos no tienen escapatoria. Sobre un seguidor bien alineado la cosa se da la vuelta, porque el campo se queda inmóvil respecto al sensor y los defectos se suman con la misma fidelidad que la señal. Ahí los darks vuelven a servir, o se mueve el encuadre a mano de vez en cuando, un pelo, fingiendo torpeza. El live stacking suma con idéntica diligencia las estrellas y la basura: lo que cambia el resultado es el criterio con que decide qué descartar, y por eso en AstroStackerPro el método de combinación de fotogramas no es un parámetro para dejar en su valor por defecto y olvidarse.
El veredicto cabe en una línea: bias nunca, flats casi nunca, darks solo cuando el campo se queda quieto sobre el sensor. Todo el tiempo que no gastes fotografiando la oscuridad dentro de un bolsillo vuelve a estar disponible para recoger cielo de verdad, que es lo único que ningún algoritmo puede inventarse en tu lugar.
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